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La paradoja de querer ser madre


Una advertencia desde el amor:

Antes de que leas este texto, quiero recordarte que la maternidad es una experiencia profundamente personal y cambiante.


Yo tengo síndrome de ovario poliquístico e hipotiroidismo, pero mi decisión de no tener hijos no tuvo que ver con esos diagnósticos. No fue por miedo a una posible infertilidad, sino una elección más profunda, más de fondo que de forma.


Cada camino hacia la maternidad —o lejos de ella— es único. Todas nuestras historias son válidas, aunque sean distintas. Esta es, con toda su complejidad, la mía.

Sentía que tenía que ser madre, así en el fondo supiera que no quería…


He pasado gran parte de mi vida viendo la maternidad no como una opción, sino como una obligación impuesta. Las expectativas sociales nos susurran, una y otra vez, que dentro del cuerpo de cada mujer hay un hogar con fecha de vencimiento, como si lleváramos una bomba de tiempo en el vientre.


Durante años, sin darme cuenta, estuve huyendo de la idea de ser madre. No porque no lo hubiera pensado, sino porque me aterraba enfrentar esa decisión, sobre todo por el miedo al juicio de mi familia, de la sociedad, de ese “deber ser” que tantas veces se nos impone. Me refugié detrás de mis diagnósticos —el síndrome de ovario poliquístico y el hipotiroidismo— como una excusa cómoda para no tener que decidir.


Pero con el tiempo y la madurez entendí algo importante: tomar decisiones basadas en lo que la sociedad espera de ti solo lleva a una vida que no se siente tuya. Y eso, tarde o temprano, te rompe por dentro.


Así que me senté conmigo misma, en silencio, con honestidad. Y ahí, en ese espacio íntimo, hice las paces con una decisión que, en el fondo, había tomado desde los veinte años: no tener hijos. No fue una decisión impulsiva ni simple. Fue profundamente personal, atravesada por mil variables. Pero fue mía. Y tomarla, por fin, se sintió como una liberación.

Algunas personas nacen sabiendo que quieren ser madres o padres. Otras tienen claro que nunca lo serán. Pero para muchísimas personas, es una decisión difícil; una pregunta que pesa sobre muchas otras elecciones de vida.


Estas son las cosas que creo que deberías tener en cuenta a la hora de tomar esta decisión:


Enfrenta tus sentimientos con honestidad

Ser absolutamente honesta contigo misma sobre lo que deseas en esta vida… da miedo. Porque cuando reconoces en voz alta que algo te importa profundamente, también aparece el miedo a no conseguirlo. ¿Y si no pasa? ¿Y si duele?


Pero si no te atreves a admitir lo que realmente quieres… ¿Cómo esperas ir tras ello?

Habla contigo misma primero. Luego, si tienes pareja, ten esas conversaciones incómodas pero necesarias. Las que vienen desde el alma. Las que no se tratan de cumplir expectativas, sino de honrar tus deseos más profundos.


Rodéate de una red de apoyo: amigas, familia, colegas…

Criar a un hijo no es tarea fácil, y por eso es clave observar desde antes cómo se vería ese apoyo en tu vida real.


Pasa tiempo con personas que ya son madres o padres para tener una idea más clara de lo que implica el día a día. Pregúntate:¿Tendré acceso a una licencia de maternidad o paternidad? ¿Cómo voy a organizar el cuidado del bebé? ¿Cuánto costará? ¿Quién va a estar ahí para mí?


Tu red de apoyo también debe incluir profesionales de salud que respeten tu historia, tu cultura y tus decisiones. Eso importa, y mucho.


Trata de visualizar lo que vas a necesitar una vez nazca ese bebé. A veces tenemos la fortuna de contar con gente maravillosa que nos sostiene en el camino. Y otras veces, no. Y eso también hay que nombrarlo, porque puede hacer todo mucho más difícil.


Ser honesta con lo que tienes y lo que no, es parte de prepararte desde el amor.


Maternidad y dinero: una conversación necesaria

Hablar de dinero cuando se habla de maternidad no siempre es cómodo… pero es necesario.


El dinero es una preocupación común (y completamente válida) para quienes están considerando tener hijos. Desde montar el cuarto del bebé hasta pensar en su educación, los costos pueden ser abrumadores.


Una buena forma de empezar es hacer una lista de todos los posibles gastos relacionados con la crianza: pañales, pediatra, jardín infantil, ropa, alimentación, transporte, educación…Luego, revisa tu presupuesto familiar. Puede parecer mucho, pero tener claridad te ayuda a tomar decisiones realistas y amorosas.


Puede que necesites reducir ciertos gastos o buscar ingresos adicionales. Y sí, sabemos que nunca hay un “momento perfecto” para tener un bebé. Rara vez vas a decir: tengo la edad ideal, la estabilidad económica perfecta, todo alineado.


A veces, “suficientemente bien” es suficiente.

Pero también hay que ser sinceras con nosotras mismas: Si tus condiciones económicas son tan inestables que ni siquiera puedes cubrir tus necesidades básicas, tal vez no sea el mejor momento para traer una vida al mundo.


Esto no se trata de tener lujos. Se trata de poder ofrecer presencia, cuidado y una estabilidad mínima. Decidir no ser madre en este momento por razones económicas no es egoísmo: es madurez, es pensar con el corazón y con los pies en la tierra.


No hay decisiones “correctas” o “incorrectas”. Hay decisiones conscientes. Y eso ya es una forma de maternar: empezar por cuidarte a ti.


Evalúa tu fertilidad (sin miedo, pero con información)

Si estás considerando tener un bebé de manera biológica, una de las cosas más importantes que puedes hacer es entender tu fertilidad actual.


Y no, esto no es para meterte miedo, es para darte poder. Porque en Ovario Mío, creemos que la información es libertad.


Las mujeres tenemos un momento de la vida donde es más óptimo tener hijos, porque desafortunadamente el 100 % de nosotras perderemos la fertilidad. Todas nos vamos a quedar sin óvulos.


Muchas mujeres llegan a consulta en los 40, esperando iniciar el camino de la maternidad, y reciben la noticia de que ya están en perimenopausia o menopausia. Es un momento doloroso y frustrante, especialmente si nadie nos habló de esto antes.


Por eso, si existe una posibilidad (aunque sea mínima) de que en algún momento quieras ser madre, lo mejor es informarte desde temprano. Habla con tu ginecólogo, hazte exámenes hormonales (como FSH, AMH, estradiol), conoce tu reserva ovárica y tu historia familiar.


En algunos casos, puede tener sentido congelar óvulos o embriones. Sabemos que no es una opción accesible para todas, pero puede darte un poco de aire si estás en pausa con esta decisión.


No tomes decisiones desde el miedo, pero tampoco desde la desinformación. Entender tu fertilidad no te compromete a nada, pero te da herramientas para decidir cuándo, cómo y si quieres ser mamá.Y eso, hermana, es soberanía hormonal.


Asegúrate de saber si quieres ser mamá… ¿biológica o no?

Cuando hablamos de maternidad, muchas veces se asume automáticamente que nos referimos a embarazarnos y parir. Pero la verdad es que hay muchas formas de ser madre, cuidar, nutrir y dejar huella en la vida de otros.


Por eso, antes de tomar decisiones médicas, emocionales o financieras, te invitamos a hacerte una pregunta honesta:¿Quiero ser mamá biológica, o lo que deseo es cuidar, acompañar, amar profundamente… aunque sea desde otro lugar?


No todas las maternidades nacen del útero. Existen muchísimas maneras de cuidar y contribuir a la vida de otros. Desde la adopción o el acogimiento familiar, hasta ofrecer apoyo real y amoroso a tus sobrinos, hijos de tus amigas, estudiantes, pacientes o cualquier niño que te tenga cerca.


Esa maternidad también transforma. También nutre. También cuenta.

Y si después de reflexionar tu deseo es ser madre biológica, está perfecto. Solo asegúrate de que venga de ti, no desde lo que te dijeron que “deberías” ser.


Porque ser madre (o no serlo) no define tu valor, ni tu feminidad, ni tu propósito.


Recuerda: esta decisión es solo tuya

No existe una fórmula correcta o incorrecta cuando se trata de la maternidad. Lo importante es que lo que elijas —sea tener hijos, no tenerlos, adoptar, esperar o simplemente no decidir aún— esté alineado contigo, con lo que sientes, piensas y necesitas.


Por eso, no tomes decisiones por miedo a lo que podrías lamentar. Tampoco por presión, ni por seguir un camino que no sientas como tuyo. Siempre habrá dudas y caminos no recorridos, pero vivir fiel a ti misma es la única certeza que realmente importa.

Porque al final del día, no se trata de si fuiste madre o no se trata de si fuiste leal a tu historia, a tu cuerpo y a tu verdad.


En Ovario Mío creemos que cada mujer merece tomar decisiones informadas, libres y amorosas. Gracias por leernos. Aquí estamos, siempre, para hablar de lo que a veces cuesta decir en voz alta.


 
 
 

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